OTRAS HISTORIAS

lunes, 14 de enero de 2013

SALVADOR BARRAU Y ANITA VILA


Este es el matrimonio "BARRAU", compuesto por Salvador Barrau y Anita Vila, a ellos, muchos vecinos de nuestro barrio le deben el hecho de ser hoy propietarios de su propia vivienda.

Habían estado unos años en el extranjero, unos dicen que en América, otros que en Francia, desde donde volvieron a principio de los años cuarenta, después de ahorrar un dinero, que invirtieron en la compra de unos terrenos en lo que luego iba a ser, nuestro barrio de Cerdanyola, y en lo que hoy son la calle Maravillas, Fuensanta y parte de la plaza y la Avda. Gatassa.

Comenzó edificando una barraca en la calle Fuensanta el año 1942, con permiso de la comisión permanente del ayuntamiento concedido el 19 de octubre del mismo año, luego por su cuenta cosnstru-
yó alguna más, que iba alquilando a los emigrantes que habían llegado finalizada la guerra civil, que vivían hacinados en habitaciones del extra radio y en las barracas en el paseo del Callao. Por este motivo la calle Fuensanta, era llamada la calle de Barrau, en los comienzos de la barriada.

Era un hombre serio y enigmático, no tuvieron hijos, pero sí unos sobrinos que se llamaban Comas, uno de ellos tuvo un taller textil, en la calle Molí de Vent, que le llamaban el gitano blanco, nombre con el que señalaban a los que hacían mercadillos en la época.

Tenía una manera muy sui generis, de vender los terrenos de su propiedad, primero alquilaba las barracas y finalmente terminaba vendiéndola. Se extendía un contrato privado, en el que raramente se acordaban formas de pago, Salvador pasaba semanalmente por las parcelas vendidas, donde los nuevos propietarios aprovechaban los fines de semana para ir construyendo poco a poco la vivienda.

Sacaba su libreta y en ella apuntaba las 25, 50 o 100 pesetas, que le entregaban a cuenta, siempre que podían, ya que muchas veces habían tenido que comprar material para la obra y no podían dar nada y se lo quitaban de en medio con cualquier excusa. Nunca ponía mala cara ni se lo tomaba con acritud, mantenía un rato de conversación con los vecinos, echaba un trago de vino si lo había y se marchaba diciendo: Bueno hasta la semana que viene a ver si tenemos más suerte.

Aunque algunas personas los tildaron de especulador, la verdad es que la mayoría le están muy agradecidos y reconocen que si hoy tienen una vivienda, es gracias al matrimonio Barrau, que les dieron toda clase de facilidades y que nunca les apretaron, lo que hizo que algún que otro se aprovechara de la buena fe del matrimonio dejando sin pagar cantidades de diferente cuantía. A la muerte de Salvador, Anita,  llegó a firmar a alguno la escritura de compra venta para poder legalizar la construcción, a pesar no haberle pagado del todo, cuando finalmente gracias al arquitecto municipal de la época Sr. Miquel Brullet, se pudieron legalizar todas las construcciones, eso sí, previo pago de  3000 pesetas que costaban los planos y las 900 pesetas del aparejador.

En varias ocasiones, tuvo problemas y fue incluso sancionado por el ayuntamiento por incumplir las normas urbanísticas, él protestaba denunciando que no incumplía nada ya que no había ningún plan urbanístico aprobado por el ayuntamiento. Conseguía los permisos y luego como todos los demás, construía según sus intereses.

La familia Barrau, mantuvo una relación de amistad con la familia "Arregui", al que le había vendido un solar en la calle Gatassa, al borde del torrente, que luego pusieron la primera tienda de zapatos del barrio. Esta familia ha sido quien nos ha facilitado la foto del matrimonio que figura en el reportaje por mediación de su hijo Andres Arregui.

Salvador y Anita, dejaron su impronta en nuestro barrio, aunque su recuerdo se ha ido difuminando en el tiempo.



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